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Fecha de publicación: 17/12/2014
ISBN: 978-950-12-0164-2
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Sinopsis

“Full Stop” es la pausa necesaria para salir del “piloto automático” con que vivimos. Nos propone parar de correr, detenernos y preguntarnos hacia dónde vamos, para qué corremos y si es así como queremos vivir.

Es una práctica sencilla y posible que nos ayuda a eliminar la angustia del pasado y la ansiedad del futuro; y nos pone en contacto directo con la experiencia de libertad que significa vivir en el presente.

Silvio Raij nos da un mapa claro para aprender a guiar nuestros pensamientos, nos enseña a meditar de forma guiada, nos demuestra los beneficios de hacer pausas regulares durante el día y nos ayuda a estar más atentos y conscientes para silenciar nuestro ruido mental, renovar energías y disfrutar de la plenitud del aquí y el ahora.

Haz una pausa en tu vida… Relaja tu cuerpo… Suelta cualquier tensión que sientas… Respira profundo… Y pon un punto final a tus preocupaciones… Ahora déjate llevar por las palabras, conceptos e historias que irás leyendo en este libro… Te deseo un buen viaje…”

Meditaciones guiadas

Muestra digital

Prólogo

¿A dónde vas? ¿Qué estás buscando?” Le pregunto esto a mucha gente. Las respuestas son muy variadas: quiero ganar más dinero, quiero una casa nueva, quiero un hijo, quiero viajar, quiero encontrar un trabajo. La siguiente pregunta es: “¿Por qué quieres eso? ¿Qué crees que eso te va a traer?”. Invariablemente, la respuesta es: “Me va a hacer feliz”. O sea que, en lo más profundo, todos estamos buscando lo mismo: ser felices. Yo tam- bién busco lo mismo. Por esa razón estudié medicina y, al recibirme, viajé a los Estados Unidos para especializarme en Cardiología. Al llegar a Nueva York en el año 1991 con ese objetivo, me encontré con una sociedad vertiginosa. Allá todos viven contra reloj. No hay tiempo para perder. Work hard, play hard (trabaja duro, juega duro) es una de las frases preferidas de los que participan de la carrera de la vida. El objetivo es ser el mejor que se pueda ser en todos los aspectos de la vida. Ser un excelente jefe, empleado, hijo, ciudadano, amigo, marido, padre. Ser el mejor. Pero al mismo tiempo es evidente que esta men- talidad no lleva a que la gente sea más feliz. Los casos de depresión y ansiedad son una epidemia en esa ciudad tan intensa (y en casi todas las ciudades modernas del mundo). La venta de antidepresivos y ansiolíticos es un negocio de billones de dólares para las compañías farma- céuticas. En Nueva York, yo mismo me transformé en un número más en las estadísticas de enfermos.

Al tercer año de vivir en los Estados Unidos me enfer- mé. Me sentía mal. Mi digestión era una pesadilla. Mis alergias, una tortura. Pero lo que más me asustaba era que me despertaba todas las mañanas sin ganas de vivir. Por eso decidí recurrir a mis colegas médicos. Luego de tres consultas a especialistas y de un sinfín de exámenes (extracciones de sangre, endoscopias, rayos X, etc.) me diagnosticaron alergias severas, síndrome de colon irrita- ble y depresión. Me dieron siete recetas para medicamen- tos –entre los que había antidepresivos y ansiolíticos– con la promesa de que iban a atacar mis síntomas. Nada de eso me sonaba bien. No me cerraba esa ecuación. Tiré las recetas a la basura y decidí buscar otra solución, una que no incluyera siete recetas de compuestos químicos con efectos secundarios. Comencé a leer todo lo que podía encontrar sobre mis problemas, siempre fuera del mundo de la medicina moderna. Visité librerías y busqué todo el material disponible sobre el tema que más me afectaba en ese momento: la tristeza, la depresión. Así, llegué a las estanterías de “autoayuda”. Siguiendo las referencias que me resultaban familiares, fui migrando hacia las de “new age”, hasta que, finalmente, una referencia me llevó hacia los libros de “filosofías orientales”.

Mientras buscaba ese título que me diera las respues- tas que necesitaba, un libro se desprendió de un estante y cayó en mis manos abierto en una página titulada “Medi- tación”. Al leer el comienzo de esa página me sentí como si el cielo se estuviese abriendo tras una oscura noche de tormenta, dejando aparecer el sol. Qué parecida es esa palabra a “medicación”, pero qué diferente es el camino que propone. Más o menos decía lo siguiente: “La medi- tación es la práctica mediante la cual podemos llegar a apagar el constante ruido de nuestros pensamientos, lo que nos permite estar en paz”. Era exactamente lo que necesitaba: apagar la radio constante en que se había convertido mi cabeza. Mis pensamientos eran como un disco rayado que tocaba las mismas canciones el día entero. Y, en realidad, no eran mis pensamientos. No era yo quien decidía pensarlos. Es más: si en aquel momento hubiese tenido el poder de decidir, habría desechado el noventa por ciento de los pensamientos que aparecían en mi cabeza durante un día. Pero ahí estaban, en contra de mi voluntad. Silenciar mi mente era solucionar el pro- blema desde la raíz, porque sin ese tipo de pensamientos la mayoría de mis problemas jamás habrían existido.

Al terminar la especialización en Cardiología, fui a vivir a un monasterio en la India, en busca de silenciar mi mente a través de la meditación. Allí aprendí a meditar y estudié la vida y las enseñanzas de muchos maestros de meditación de Oriente y de otras partes del mundo. Muchas de estas enseñanzas son difíciles de entender para la gente que no proviene de otras culturas. Nos cuesta comprender la forma básica de ver el mundo que tienen los maestros de Oriente. Un maestro en particu- lar supo construir en mí el puente entre las enseñanzas de Oriente y la mentalidad occidental: G. I. Gurdjieff. Él tenía un centro cerca de París al que iba gente de todo el mundo a vivir en una comunidad consciente, a aprender a despertarse y a vivir en el presente. Cada uno trabajaba para cubrir las diferentes necesidades del grupo: coci- na, construcción, jardinería, danza. Gurdjieff caminaba por el lugar a diario y cada tanto, sin anuncio, gritaba “stop”. Entonces, todos tenían que dejar lo que estuvieran haciendo en ese instante y quedarse congelados en la posición exacta en la que se encontraban al escuchar la orden de “stop”. Las instrucciones eran hacer un inven- tario mental de la posición del cuerpo, de lo que esta- ba pasando por la mente en ese instante y, también, de lo que se estaba “sintiendo”. La utilidad de este ejerci- cio radica en que, generalmente, la mayoría de nosotros no estamos siendo conscientes de lo que pensamos, de lo que sentimos y de la posición de nuestros cuerpos. La mayoría del tiempo vivimos absorbidos por pensa- mientos automáticos que nos extraen del presente y nos ponen en todo tipo de “estados” sobre los que no tene- mos ningún poder de decisión. Full Stop es un libro que, en cierta manera, hace lo mismo: nos conduce a hacer un inventario interno de dónde estamos y nos guía a vol- ver al presente. Silvio es un Gurdjieff moderno, con un toque oriental. Traduce enseñanzas milenarias a un idio- ma que podemos entender en el mundo moderno.

Después de muchos años de meditar, mi mente está lejos del silencio total, pero ya no me identifico con la mayoría de los pensamientos que se generan en mi mente a diario. Los trato como si salieran de una radio descompuesta que repite discos rayados todo el día. Tengo momentos en los que la radio se vuelve menos ruidosa y se oye a un volumen mucho más bajo, y otros en los que se apaga y me encuentro con instantes de silencio total. No sucede cuando yo quiero, sino en los momentos menos esperados. Pero con el tiempo apren- dí a descifrar qué tienen en común esos momentos: el presente. Cuando me encuentro totalmente presente es cuando mi mente pensante se apaga. En ocasiones, ocu- rre al salir a correr o al hacer deporte; en otras, mientras escucho música; a veces cuando juego con mis hijos o abrazo a mi mujer. Estar totalmente presente es algo raro en el mundo vertiginoso en el que vivimos, pero es lo que lleva al estado de paz, de felicidad, que todos esta- mos buscando. A mi entender, buscamos estar presen- tes. Por eso este libro es tan importante. Porque Silvio nos da un mapa para encontrar el presente. Es el mapa perdido. El mapa al tesoro más importante que podemos encontrar: nuestra felicidad.

Dr. Alejandro Junger

Sobre el autor: Silvio Raij

Su pasión ha sido siempre el desarrollo humano y espiritual. Desde que conoció el Raja Yoga hace catorce años, ha viajado a India a especializarse en el arte de la meditación. Ha dictado cursos a nivel internacional sobre calidad de vida: Pensamiento Positivo, Autoestima, Gestión del Estrés y otros. Dirige su propia consultora en Coaching, Liderazgo y Meditación desarrollando programas de Gestión, Capacitación y Consultoría en Coaching, Liderazgo, Indagación Apreciativa y Valores Humanos en distintas organizaciones. Es fellow de la consultora internacional Oxford Leadership Academy donde trabaja para varias empresas multinacionales como Akzo Nobel, Laboratorios Roemmers, Grupo Marfrig, etc. Es Coach Ontológico certificado en la Escuela Newfield Network de Chile y está acreditado como ACC en la International Coaching Federation. Con mirada amplia y compasiva se dedica al coaching personal y organizacional.